Esta travesura nace como continuación de La Trama mediática, desaparecida junto a la edición de papel del diario Público. A diferencia de aquella, no puedo comprometerme a alimentarla diariamente, pero sí trataré de que haya, como poco, una entrega semanal... y más cuando sea posible. La ventaja es que no tengo que ceñirme a un número concreto de caracteres, así que en ocasiones os soltaré tremendas chapas y otras veces bastarán un puñado de líneas.
Este formato permite, además, ilustrar lo que se dice con imágenes, videos o audios. Igualmente, me ronda por la cabeza dedicar entradas monográficas a los suministradores habituales de ponzoña y/o los medios que les sirven de trinchera. Se agradece cualquier tipo de sugerencia o aportación de material.
Quiero dejar muy claro que el objetivo tanto de La Trama, como de su precedente, el Cocidito, y de la propia Diestralandia no es el encabronamiento ritual. Se trata de algo parecido a una labor de compostaje de la basura mediática de modo que lo que fue concebido para herir nos sirva para compartir unas sonrisas. Eso, claro, sin dejar de tener un retrato nítido de lo que se dice y por qué se dice en los andurriales mediaticos por los que nos adentramos. Lógicamente, nadie nos va a quitar un berrinche de vez en cuando. Tampoco somos de piedra ni a todo se le puede buscar la vuelta irónica.
MUY IMPORTANTE: Para que esto tenga sentido, es muy importante que las lectoras y los lectores sientan que les pertenece. Hablad de ello, difundidlo, enlazadlo, tuiteadlo... y, por supuesto, leedlo.