Ahora que ya saben que la única
intención es cebarse con un saco de las hostias que nos distraiga de
Bankias, recortes y un Gobierno que no sabe por dónde le da el
cierzo, están listos para el desparrame. Ocho páginas de vellón
donde pastan a placer los ejemplares más bravos de la ganadería
hispanistaní. Abre el despelleje Jon Juaristi, que ha convertido en
magisterio pardo su no lejana condición de cofrade de la serpiente y
el hacha y, lo mismo que antes espumarajaba “acción-reacción-acción”,
ahora esputa fluidos como el titulado “La máquina imparable del
delirio”. Ahí les va una lasca para que prueben: “La máquina de
fantasear se halla en movimiento perpetuo, y así, por ejemplo,
nuestros nacionalismos domésticos poseen ya mitologías de la Guerra
Civil, del franquismo e incluso de la Transición. En algún caso se
puede percibir su funcionamiento en pleno proceso de elaboración del
delirio, como sucede ahora con el nacionalismo vasco, dedicado a la
construcción acelerada de un relato exculpatorio del terrorismo de
ETA”. Le preguntaría Robert De Niro al retrovisor: “¿Me estás
hablando a mi?”.
Enseguida les doy más pelos y señales
de la cuerda de plumíferos que evacuan sus descargas en festival de
Don Bieito, pero antes llamo su atención sobre las pildoritas que
adornan la parte superior de las páginas. Es la anunciada quincena
de presuntas trolas, desmontadas una a una con el correspondiente
argumento irrefutable. Vean un ejemplo: “El euskera es el idioma
utilizado por el nacionalismo para unificar los territorios que
ambicionan. Lo cierto es que el euskera actual, el batua, data de...
1968. Fue creado para unificar todos los dialectos euskéricos que se
hablaban y que, incluso, eran incomprensibles para los habitantes de
los valles vecinos”. Hau lotsa, o sea, qué vergüenza... ajena.
Pues ese es el nivel general, no sólo de las grageas verdadosas,
sino del resto de los incendiarios escritos de cuyo contenido les
eximo, porque sus títulos son lo suficientemente elocuentes. Ahí
les va la relación de encabezados junto al nombre de cada
perpetrador entre paréntesis: “Euskalherria, esa gran ficción”
(Pablo Ojer), “La patria inventada” (Fernando García de
Cortázar), “Revisionismo histórico subvencionado” (María Jesús
Cañizares), “Mitos y tópicos del nacionalismo catalán” (Miquel
Porta Perales), “Mitos, Libertad y Conocimiento” (Alfonso de la
Vega) y, finalmente, “El trastorno nacionalista” (Juan Carlos
Girauta). Necesitarían un par de meses sabáticos para castigarse el
hígado con todo ese material. Lo divertido es que si lo hicieran, es
más que probable que les entrarían unas ganas irrefrenables de
independizarse... por lo menos de esta panda de... nacionalistas
(españoles) excluyentes y, de propina, desaforados.


