jueves, 19 de abril de 2012

¡Si es que no nos lo merecemos...!


Para evitar desgracias, empecemos advirtiendo que las siguientes líneas no son aptas para diabéticos emocionales. Si continúan leyendo y les da un chungo hiperglucémico, será por su cuenta y riesgo, ¿estamos? Bien, pues entonces, sírvanse la primera ración de natillas, elaboradas en pastelerías Ramírez Codina. No, no es un fake. Les juro por las muletas del patriarca del clan de los juancarlines que esa ñoñería inspirada en Love Story es el titular de apertura de El Mundo: “Cuando reinar consiste en saber decir 'Lo siento'”. Telita, ¿eh? Y ya, ilustrada la cosa con la cara contrita del coronado, ni les cuento. Pues es eso es sólo la cobertura. Dentro, más merengue, empezando por un editorial titulado “Pedir perdón, un gesto que honra al rey” (¡Qué potito!), donde se glosa el presunto gesto a cuatro patas y con el tanario apuntando a Zarzuela: “Don Juan Carlos nació en el seno de una familia real, fue educado en su cultura y luego fue preparado para ser Rey. Está acostumbrado a recibir por doquier un trato de respeto casi reverencial e incluso de genuflexión por parte de algunas personas que todavía sacralizan la institución. Por ello, no debió ser nada fácil para él comparecer ayer -sostenido por sus dos muletas- ante las cámaras de televisión en el pasillo de un hospital para pedir perdón y decir que lo siente. Es difícil encontrar en la Historia a un monarca o a un jefe de Estado que tan abiertamente asuma que no ha actuado bien”. Anden, saquen otro kleenex, que lo van a necesitar para hacer frente a la emotiva narración del acto disculpatorio que hace en la páginas pedrojotianas Victoria Prego, afamada recauchutadora de virgos transicionales: “No le arrugan a Juan Carlos I las dificultades. Lo volvimos a comprobar ayer. En un escenario de hospital, desnudo, sin acompañamiento posible, miró al objetivo de la cámara, que es lo mismo que mirar a cada uno de los espectadores directamente a los ojos, y pronunció únicamente tres frases. Frases que van a hacer historia. Frases muy cortas, apenas un telegrama, pero que sonaron como un trallazo”. ¡Pum! Como el disparo que mató al indefenso elefante, ¿no?

Y ahora que menciono a la víctima olvidada, miren a la portada de La Razón. Esa manita trémula que saluda debió de ser la que apretó el gatillo y, en la celebración posterior, sostuvo algún vaso que otro. ¿Hará alusión a eso el titular del diario azulón? “El valor de la monarquía”, dice. Pues, bien mirado, sí, hace falta valor. Y también para, habiendo ocurrido lo que ha ocurrido, hay que echarle valor, rostro y pelendengues a la redacción de un titular succionador, donde entre otros deshogos se lee: “El Rey no tenía obligación moral o constitucional alguna de pedir perdón por un incidente ocurrido durante un viaje privado que además no costó un euro al erario público. En cualquier caso, es significativa la virulencia de esa izquierda radical, con los comunistas a la cabeza, que ponen en el disparadero al Rey de la manera más injusta, pero son incapaces de aplicarse el cuento de las responsabilidades políticas ni de la ejemplaridad institucional cuando han protagonizado no pocos escándalos, abusos o arbitrariedades en ámbitos locales, provinciales y autonómicos, o cuando han alentado o justificado comportamientos ilegales en otros contextos”. ¡Uh, uh, uh, rojos a Moscú! Y chitón, porque para redondear la jugada, el tito Marhuenda nos obsequia con una encuesta de su chiringuito demoscópico que concluye: “El 80,1% estima que el gesto engrandece al Rey”. ¿A que escuece, republicanazos?

Quietos ahí, que todavía quedan unos quintales de melaza mezclada con alcanfor sensiblero. Tienen que ser de piedra si no se les abren las carnes al ver en la portada de ABC a Pucherines Primero con esa cara de Tristón, aquel perro de peluche que sólo tenía un amiguito. “La humildad del Rey”, nos derriba las defensas el titular para que lleguemos rendidos al editorial, donde la frase metamorfosea en “La dignidad de un monarca”. ¡Azuuuuúcar!, que diría Celia Cruz: “La injusticia y la desproporción con la que Don Juan Carlos ha sido tratado en los últimos días no han supuesto coartada para rehusar una comparecencia pública inédita, que marcará un hito en las relaciones de la Corona con los ciudadanos. Y solo con unas sencillas palabras, llenas de dignidad y de humildad”. ¿Creen que es todo? Tararí, como que el pelotón de la corte Jaime González se va a quedar sin participar en el juego floral: “Lo que hizo ayer el Rey tiene un valor incalculable, pues desnudarse en público para ganarse el perdón sin bajar la mirada es una soberbia lección de anatomía democrática. Sus palabras —'me he equivocado; no volverá a ocurrir'— revelan hasta qué punto es consciente de que el valor de la Corona no lo fija el peso del metal, sino el alma y el corazón del pueblo”. Unas páginas más allá, Ignacio Camacho tomaba el el relevo del besamanos, o sea, besapiés. Les ahorro el alfajor (uy, perdón por citar el dulce típico del país expoliador) y les atizo cual soplamocos el final: “Y aún quedará algún fundamentalista que no la acepte”. ¡Anda! Veo muchas manos levantadas...

Calma, que ya llegamos a las postrimerías de este viaje al fondo de la sumisión canina. Nos faltaba la meta volante de La Gaceta, que en primera se ponía solemne: “Histórico perdón del rey”. Enunciado así, parece que es él quienes nos perdona. La genuflexión va acompañada de la davilada de rigor, que nos saltamos, y del editorial, que no nos saltamos. La pieza se titula “No volverá a ocurrir” y —entre col y col, lechuga— contiene una inevitable mención a alguien que a estas alturas debe de estar supervisando nubes en León. Sí, ese: “Baste recordar el episodio reciente del ex presidente Rodríguez Zapatero, que admitió no haber estado acertado con la crisis económica, pero nunca ha asumido su culpa ni ha pronunciado unas sinceras disculpas. Y, como Zapatero, otros muchos. Sin embargo, el Rey ha asumido ante la sociedad española su responsabilidad y ha dicho unas palabras que cuesta mucho pronunciar. Sin duda, este gesto de humildad le ha hecho más grande ante los ojos de unos ciudadanos que en su gran mayoría reconocen y admiran el papel y el trabajo del jefe de Estado”.

¿Un epiloguito, Don Camilo? ¡Venga! En realidad, epílogo, contrapunto... y una tocada de narices a los queridos lectores que, me temo, van a descubrir en gran número que pueden llegar a estar de acuerdo con Federico Jiménez Losantos. Ya sé que no es plato de gusto, pero, con la mano izquierda en el corazón, díganme si no firmarían bajo lo que escribe el turolense (él no traga) en Libertad Digital: “¿Pero qué lo perdonan, si no sabemos de qué se lamenta? ¿Qué le aplauden? El pueblo español, generoso cuando debería ser severo, lo perdona de mil amores. ¿De qué lo perdona? De lo que sea. Nos encanta que nos tomen el pelo. Y así nos luce”. Es lo que hay.

ACTUALIZACIÓN (20/04/2012) - Ahora es cuando este servidor se lo tiene que hacer mirar. Vean lo que escribe hoy en El Mundo el citado Jiménez Losantos y díganme si les recuerda a algo de lo que este humilde copiapegador había escrito en esta mis entrada: "Si España fuera un organismo vivo, ayer hubiera muerto de diabetes. No hay cuerpo capaz de resistir tal descarga de azúcar, tal catarata de almíbar, tal inundación de miel como ayer nos sirvieron los periódicos de papel, la radio y la televisión". Y casi al final habla de hiperglucemia. ¡Sal de mi, Federico!

8 comentarios:

  1. La foto de la portada de El inMundo no está Photoshopeada a tope?

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  2. Es cierto, ¡¡¡lo han bronceado!!!

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  3. Solo una pega a tu magnifico trabajo: se te olvido incluir el chocolate de El País

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  4. No volverá a ocurrir, ha dicho compungido. ¿Volver a ocurrir el qué? No me lo creo, sus palabras no expresan arrepentimiento, sólo conveniencia. La palabra de los Borbones tiene poco valor. Cabe recordar a uno de sus antepasados, el rey felón, Fernando VII, también dijo -tras el pronunciamiento de Riego en 1820- "Marchemos francamente, y yo el primero,por la senda constitucional". Cuando los Cien Mil Hijos de San Luis tres años después reinstauraron el absolutismo, tiempo le faltó para ciscarse en la Constitución, detener a los liberales y poner en marcha una represión feroz. Esta es la naturaleza del borbonismo.
    Para mí el mejor resumen de este lamentable capítulo es del Jiménez Losantos. Sin que sirva de precedente, qué razón tiene.

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    1. De acuerdo, de manera absoluta... o 'absolutista', cabría decir, para hacer la broma. Qué bien escrito y explicado. Me recuerdas a algo intermedio entre Arturo Pérez-Reverte y José Manuel Lechado. Enhorabuena. Las constituciones siempre han sido el papel higiénico de los Borbones.

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    2. No entendeis , lo que no va a volver a ocurrir es que le pillen. No que no vaya a volver a hacerlo.

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  5. Estos medios y periodistas se conforman con muy poco.

    jajaja lo he puesto en un tuit, me he preocupado mucho cuando opino igual que Losantos en el tema de las disculpas del rey (que no perdón) y por qué pide disculpas y el qué? no volverá a ocurrir?...
    Menos mal que estas coincidencias solo ocurren una vez jajaja

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  6. Si hombre si, háztelo mirar, pero no por coincidir con Losantos que el sectarismo es mala enfermedad y cuando se tiene razón se tiene y al de Teruel, en este asunto del Borbón y colaterales, no sólo la tiene sino que hasta le sobra. Lo preocupante es escribir cosas de este tenor a cuenta de la expropiación de YPF: "Esa congoja neocolonialista, ese ardor legionario tan cegador que hace indistiguible la nación y la empresa o ese ultraliberalismo montaraz que clama ahora por medidas proteccionistas de autarquía bananera son un grandioso esperpento" (DEIA 19-4-2012). Qué adjetivación tan bizarra y qué sustantivos tan morrocotudos. Terrible prosa. Ya sabemos que no te sientes concernido por tu patria (España) ni por sus cuitas. Tú vas de otro rollo, el de la izquierda de antitodo lo que no me gusta y protodo lo que dicta el manual progre. Eslóganes y cuantos “ismos” cultiva la zurda hispánica a falta de sustrato ideológico. Ah, ese peronismo austral tan populista, cómo os gusta ¿y el castrismo y el chavismo? No hay forma de gobierno que les iguale. Qué bien que a los pérfidos, qué digo pérfidos, diabólicos y me quedo corto, accionistas y propietarios de Repsol -que más que una empresa es un banda de la peor calaña- les roben una parte de sus sustanciosos ingresos. Bien merecido se lo tienen, por ultraliberales. Olé.
    Por cierto, si alguna vez repostas en alguna de las estaciones de servicio de Petronor que abundan por tierras vascongadas, que sepas que Repsol es propietaria del 86 % de la misma.

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