Este blog (o lo que sea) está de meditación trascendental. Dejé de publicar aquí cuando empecé mis colaboraciones periódicas en Eldiario.es porque no tenía mucho sentido duplicar las entregas. Luego decidí también bajarme en marcha de aquel proyecto... con la idea difusa de volver a Diestralandia. Pero ya veis. Pasa el tiempo y siempre he encontrado una excusa para seguir remoloneando. Ocurre, por un lado, que no me da la vida, y por otro, que no tengo muy claro si he llegado a un punto de aburrimiento del género. ¿Cómo? Lo que leéis, si bien es cierto que puede ser algo temporal. De tanto en tanto me dan estos puntos reflexivo-perezosos.
Y, bueno, sí, hay algo más, un pensamiento todavía sin cocinar del todo. Estoy empezando a ver lo que yo juraría que es una suerte de contra-caverna. De pronto veo que a mi alrededor, en mi propio territorio, se remedan los modos —los peores modos— del otro lado de la línea imaginaria. Diréis que siempre ha habido algún replicante, y es verdad. Sin embargo, me alarma... y, como me lo tomo todo demasiado a pecho, me avergüenza y me cabrea. Ya he escrito sobre ello, así que no alargo más este apunte que solo pretendía ser una justificación del parón, especialmente dedicada a las muchas personas que siguen preguntándome por esta travesura.
¿Lo retomaré? No puedo asegurarlo. De momento, mi intención es echar mano del blog personal —recién recuperado también— para dar salida a algunos de los contenidos que normalmente irían en este. Allí os espero.
Diestralandia
Desde el interior de la caverna
domingo, 10 de marzo de 2013
lunes, 25 de junio de 2012
El ingenioso hidalgo Pedro Jota
No cunda el pánico,
que esta vez no les vengo a castigar el hígado con una interminable
lista de corta-pegas apostillados. Se trata de una única pieza o,
dándole la vuelta, de una pieza única de imposible clasificación.
A Gutemberg pongo por testigo que lo que tienen ante sus ojos en una
letra de un tamaño que espero alcancen a leer es uno de los cuatro
editoriales de la edición de hoy de El Mundo. Es decir, que no se
trata de este o aquel desbarre de Anson, Sostres o Sánchez-Dragó,
sino de la teórica opinión canónica e indivisible del medio en
cuestión. Y claro, como estamos hablando de la papela que estamos
hablando y ustedes saben sumar dos y dos, ya imaginan la mano que
está detrás de este sopicaldo patriotero-literario-deportivo. Quién
sino el ingenioso hidalgo Don Pedro José Ramírez de Logroño, que tiene como
modelo a seguir un tipo que no es capaz de distinguir un molino de
gigante. Si lo piensan, no es tan raro. En el fondo, Don Quijote
también era un pelín conspiranoico.
Por si su vista o la
calidad de la ilustración no les da para solazarse con la lectura
del original, aquí les transcribo sin quitar ni poner coma —tal
como dijo Cervantes que hizo con el manuscrito de Cide HameteBenengeli—, la excelsa joya de la prosa pedrojotiana:
“Alonso Quijano
es, desde hace cinco siglos, el español más universal. En feliz
coincidencia con el nombre del hidalgo cervantino, Alonso se
apellidan los dos deportistas españoles que han asombrado al mundo
este fin de semana. Los dos goles de Xabi Alonso ante Francia, que
sitúan a España en semifinales de la Eurocopa, y la prodigiosa
victoria de Fernando Alonso en Valencia, después de salir el
undécimo, son la mejor prueba de que no existen hazañas imposibles.
Ambos campeones encarnan el quijotismo español en la mejor de las
acepciones: la que ordena pelear hasta el final, no rendirse ante las
dificultades ni dar ninguna batalla por perdida. Ellos, como Rafa
Nadal, la selección de baloncesto y tantos otros, son todo un
ejemplo de orgullo y superación, precisamente en un momento en el
que los ciudadanos pueden llegar a pensar que no podremos salir del
pozo. Uilizando la letra del musical El hombre de La Mancha, la
selección está a un paso de «llegar, donde nadie ha llegado»:
campeona del Mundo y dos veces consecutivas de Europa. «Soñar lo
imposible», como han hecho nuestros deportistas, debe ser el
espíritu de todo el país". Digiéranlo como puedan.
jueves, 21 de junio de 2012
Regreso al pasado
Hoy no es un día cualquiera en
Diestralandia. Ha vuelto el hijo pródigo de las tres letras. Qué
gran momento para aliviar el luto de la primas, los rescates y los
tomates sacando del arcón los titulares de calibre grueso.
“Legalizado el partido de ETA”, ulula El Mundo en una primera
donde nada es casual, ni siquiera la cita de Platón que la preside:
“La obra maestra de la injusticia es parecer justo sin serlo”.
Eso se merece un olé. Lástima que luego el tono decaiga y donde
esperábamos un incendiario editorial nos encontremos con una pieza
de aliño rotulada “La peligrosa ingenuidad del constitucional”.
Cosa curiosa, oigan, que además de las consabidas collejas al
malvado sexteto de magistrados del TC que votaron por la legalización
de Sortu, se escape un coscorrón al recién nombrado presidente de
las Islas Salomón: “Dado que parece que el acuerdo PP-PSOE para la
renovación del TC está al caer, es muy significativo que la
sentencia haya sido decidida por el tribunal en su actual
composición, que no se corresponde con las previsiones
constitucionales. En este sentido, hay que señalar que la actuación
del Gobierno ha sido, cuando menos, ambigua y sospechosa”. Vaya,
vaya... “ambigua y sospechosa”. ¿Qué querrá decir eso?
Bastantes más directos, los chisteros
Gallego y Rey aprovechan el viaje para adornarse con la gracieta que
ven a su derecha. En su línea, tan sutil como un mamut con tutú.
Mejor pasar de página para encontrarse con la interpretación de la
decisión judicial que nos regala Sor Transición, también conocida
como Victoria Prego: “No ha sido una sorpresa esta legalización
del partido creado para servir a los objetivos políticos de ETA
porque la sentencia de legalización de Bildu fue dictada por los
mismos magistrados y con la misma ponente, aunque con procedimientos
algo más groseros que los empleados esta vez”. Ya, y dos y dos son
cuatro y cuatro y dos son seis.
En ABC, los honores de portada son para
el Judas del momento, que no es otro que el presidente del
Constitucional, Pascual Sala, retratado con cara de circunstancias
junto a la leyenda: “El TC se rinde a los proetarras”. Como
contrapunto al villano, en la parte inferior se muestra al héroe de
Botsuana vestido de milico y junto a un entrecomillado que no
mejorarían ni Faemino y Cansado: “Seguid pescando, que para eso
está la Guardia Civil”. Pero no nos despistemos, que esto iba de
la sentencia dictada por media docena de tipos que no tienen ni idea.
Como nos viene a decir el editorialista del vetusto, cualquier
taxista les da cien vueltas: “Una gran mayoría de los ciudadanos
considera un despropósito que se acepte como válida la condena
formal de la violencia al margen de la sinceridad de las
afirmaciones. En gramática parda, y si da igual que sea verdad o
mentira su renuncia a la violencia, el bloque de 'progreso' del TC
viene a considerar irrelevante que se cumpla por entero con las
condiciones que marca la ley”. Y para que nadie olvide de qué
polvos vienen estos lodos, la nota recordatoria firmada por Ignacio
Camacho: “La peor herencia del zapaterismo no ha sido el déficit,
que al fin y al cabo se puede reducir con cierto esfuerzo, sino la
rehabilitación política de Batasuna”.
Como a estas alturas les imagino ya con
el intestino endurecido, vayamos con los sabores recios, especialidad
de Libertad Digital. Un minuto después de conocerse el fallo, su
portada clamaba por el atropello: “El Tribunal Constitucional
legaliza la nueva marca electoral de ETA”. Era cuestión de tiempo
que parecieran los opinateros con la maza. El primero, el jefe de la
barraca, Federico Jiménez Losantos, cargado de su reputada colección
de sapos y culebras: “El Tribunal Constitucional, repito, no es
constitucional porque no defiende la Nación ni su Constitución,
pero es que además no es un tribunal, no es el Supremo del Supremo
y, sin embargo, ha invadido, anegado y ahogado las competencias
legítimas y exclusivas del Tribunal Supremo. Y lo ha hecho por dos
veces para echarle políticamente una mano a la ETA”. ¿Que no les
ha quedado claro? Tranquilos, que se lo repite, poniendo nombres, el
diligente editorialista: “El Constitucional –con los socialistas
Pascual Sala, Eugeni Gay, Elisa Pérez Vera, Luis Ignacio Ortega,
Adela Asua y Pablo Pérez Tremps como ejecutores– culmina así el
proceso de legalización de ETA iniciado por Zapatero, permitiendo a
la banda terrorista concurrir a unas elecciones autonómicas que
pueden marcar el futuro del País Vasco y la Nación española en su
conjunto”.
Vayan relamiéndose, que llega la
ocurrencia marhuendí que estaban anhelando. “Aire para ETA”,
brama La Razón en una portada que ilustra —¿o deslustra?— con
la desvencijada rojigualda del ayuntamiento de Donostia (a.k.a.
Bildunistán). Y en la parte superior, cómo no, los seis traidores
(caracteres en rojo) y los cinco leales (caracteres en azul). Para
completar el rasgado de vestiduras y banderas, un editorial en forma
de zurriago: “Estos seis magistrados han causado un grave daño al
Estado de Derecho con una sentencia política, que no jurídica, y
que, como en el caso de Bildu, está alumbrada por un principio de
oportunidad que no de legalidad. Nos parece de extrema gravedad que
de sus resoluciones se pueda llegar a concluir que ETA juega en casa
en el TC, pero no dejan mucho margen para lecturas más
benevolentes”. Que vayan preparando la picota.
Palabra que este es el último párrafo,
que sé que están al borde del ictus. Pero esta vez no podía dejar
fuera La Gaceta, que sin el recuadrito sombreado de Dávila parece
otra. De entrada, sorprende el titular casi tierno (“El
Constitucional 'blanquea' Sortu”), pero más aun el editorial
contemporizador hasta donde jamás hubiéramos soñado. Lean: “No
se puede decir en puridad que Sortu sea ETA, tampoco es Bildu. Pero
se entiende que las víctimas del terrorismo hayan reaccionado con
disgusto ante la legalización de Sortu”. Y unas líneas más
abajo, un apunte como para que se caiga el campo: “En democracia
todas las ideas son defendibles, siempre que se haga de acuerdo con
la ley y respetando la Constitución. Si Sortu cumple los requisitos,
no tendría por qué haber ninguna objeción a que concurra a los
comicios”. En La Gaceta, se lo juro.
martes, 19 de junio de 2012
Ahora los mercados son buenos
Cómo cambian las cosas en un puñado
de horas. Ayer el kiosco diestro—y parte del zurdo ma non
troppo— ensanchaba sus pulmones porque en Grecia habían ganadolos-que-tenían-que-ganar y creyó avistar la luz al final de túnel.
Pronto se vio que en realidad era un AVE que venía a todo trapo con
la prima de riesgo y el interés del bono a diez años como lúgubres
pasajeros ávidos de sangre... española, por supuesto. Ahí tienen,
en la parte superior de la portada de La Razón, el gráfico de la
acometida, igualito al de cualquier etapa reina del tour. La foto de
la triunfante roji-celeste y la leyenda “El sueño de una nación”
apenas funge como espejismo, igual que el voluntarista titular
principal: “El G-20 y Bruselas apoyan a España frente al ataque de
los mercados”. ¿Recuerdan cuando los tales mercados eran sólo
inversores que actuaban en consecuencia con la ineptitud de un tal
José Luis? Pues ahora son voraces tiburones que se ceban
injustamente contra un país que hace las cosas muy bien. “Mercados
insatisfechos”, titula el editorialista marhuendí, que ya no
señala con la pluma a Moncloa —como hacía en tiempos de ZP—
sino a Bruselas: “De muy poco sirve que compartamos una moneda
común administrada por un banco central si éste no se comporta como
tal y se limita simplemente a controlar los procesos de inflación.
La UE debe ya dar pasos en esa dirección porque el proceso de cambio
normativo es largo y llena de dificultades”.
En ABC, otra de victimeo plañidero y
de contrapunto económico-deportivo. “España pasa líder”,
proclama el vetusto para venirse con la rebaja a sí mismo unos
centímetros al sur del eufórico titular: “España paga el acoso
del euro”. Ya saben, lo del profe que nos tiene manía, que vuelve
a ser la martingala que alimenta un editorial encabezado con el lema
“Credibilidad para salvar al euro”. No se refiere, faltaría más,
a la credibilidad rajoyana, que se da por supuesta, sino a la de los
grandes supertacañones: “Aprovechando la reunión del G-20 en Los
Cabos, sería imperativo que los dirigentes europeos lanzasen de una
vez un mensaje creíble sobre su determinación para convertir en
hechos las buenas intenciones que pueblan habitualmente sus
discursos. A estas alturas, prometer soluciones inmediatas o
sencillas a corto plazo sería igualmente ilusorio”. Hace ocho
meses no se decía lo mismo. Toda la culpa era del de la ceja
circunfleja.
¿Y qué opina Pedro José de todo
esto? Ya saben que la respuesta depende del minuto en que se formule
la pregunta, porque el Randolph Hearst de Logroño defiende 'arre' o
'so' con idéntica contundencia en función de cómo se haya
levantado. Incluso puede decir una cosa en una página y otra en la
siguiente. Hoy mismo, en la portada se apunta a la tesis del 'nos
atacan', formulada en el doliente titular “Castigo a España”,
mientras que en el editorial sentencia que nos lo tenemos merecido
por no habernos clavado el cilicio lo suficiente: “Sólo hay una
solución para recuperar posiciones en esta carrera: hacer más
reformas como las que nos piden. La ruta está marcada por las
últimas recomendaciones de la Comisión Europea y del FMI: subida
del IVA y eliminación de la desgravación por vivienda, drástica
reducción de la Administración en todos los niveles -esto es lo que
más desean los ciudadanos-, nueva reforma de las pensiones,
replanteamiento de las prestaciones por desempleo...”. Si les ha
dolido leer eso, a ver qué opinan de la versión en heavy de lo
mismo firmada por Salvador Sostres en el mismo ejemplar de El Mundo:
“Rajoy ha intentado hacer cualquier cosa por tratar de no hacer lo
que sabe perfectamente que tiene que hacer: reducir un 40% nuestra
masa funcionarial y a los que queden bajarles, de promedio, un 60% el
salario”. Y luego, claro, encadenarlos y golpearlos con una fusta de siete colas.
Me van a permitir que me salte La
Gaceta desdavilizada y ya convertida en un bostezo impreso para
terminar con una sabrosa pieza capturada en Libertad Digital. Se la
debemos al inmarcesible César Vidal, al que lo único que le quedaba
a estas alturas es ejercer de gran defensor del proyecto Euro Vegas.
Ya están pensando mal, ¿eh? Pues a juzgar por su “excusatio non
petita”, es lo que procede: “Quiero dejar claro que,
personalmente, no tengo el menor interés por el juego ni por la
prostitución. Al primero no le dedico ni un céntimo ni siquiera en
formas tan extendidas socialmente y que tan poco llaman la atención
de socialistas y obispos como pueden ser el cupón de la ONCE o las
quinielas y de la segunda, siempre me he mantenido a distancia aunque
–lo reconozco– quizá más por repelús que por piedad”. Sí,
sí...
martes, 5 de junio de 2012
Adiós, crisis, adiós
Aprovechando que ayer no fue lunes
negro sino gris marengo, los heraldos marianos atruenan hoy sus
pífanos victoriosos. La penuria económica está a cinco minutos de
quedar cautiva y desarmada. “Bajan el paro y la prima de riesgo y
sube la Bolsa”, se albricia La Gaceta en el trozo de la primera que
le deja libre su nueva entrega de la serie “Los rojos viajan en
business”. Pero donde de verdad suenan las castañuelas es en un
editorial que inaugura un nuevo tiempo de vacas gordísimas liderado
por el timonel de Pontevedra: “Las buenas noticias no se redujeron
al mercado laboral. La Bolsa española rebotaba casi un 3% y la
prima de riesgo se tomaba un importante respiro al caer hasta los 519
puntos básicos. Asimismo, la confianza del consumidor registraba un
repunte de dos décimas por las mejores expectativas y las familias
marcaban la pauta al Estado y seguían achicando deuda, hasta dejarla
situada en abril en 855.840 millones, el nivel más bajo desde
septiembre de 2007. Un cúmulo de datos positivos que corroboran que
no es momento para el desánimo y que invitan a una prudentemente
confianza en un futuro que se presenta menos negro, como dijo el
presidente del Gobierno”.
Eso, como aperitivo. En La Razón los
cohetes surcan el cielo en honor al valeroso caballero que se ha
llevado al huerto a los supertacañones de Bruselas. “La UE apoya
el Plan Rajoy”, proclama en letras gordas el papel marhuendí. A
modo de irrefutable prueba del nueve, ilustrada con la imagen de
rigor, la profecía del mayor gurú económico del momento —aprende,
Krugman—, que no es otro que el hombre que disparaba a los
elefantes antes de caerse. Cultívense: “Las reformas del Gobierno no
tardarán en dar frutos”. Dejándose las palmas en carne viva, el
portadista apostilla así el sabio vaticinio: “El Rey reivindica la
solidez de España ante la presidenta de Brasil en su gira con
empresarios”. Si el pronóstico no se cumple, le bastará con decir
que lo siente mucho, que se ha equivocado y que no volverá a
ocurrir, y santas pascuas.
En ABC, faltaría más, prácticamente
la misma imagen, la misma frase (lo de las reformas y sus inminentes
frutos) y un epígrafe medio gramo más ardoroso: “El Rey, en
defensa de España”. Apenas un menú degustación del editorial-loa
titulado “El Rey y la diplomacia económica”. Pónganse firmes,
que el arranque no merece menos: “La embajada empresarial
encabezada por Don Juan Carlos en los países más prósperos de
Iberoamérica rubrica el ánimo y la determinación de los españoles
por salir de la crisis”. Si les ha sabido a poco, ahí les va el
colofón: “Se trata, en fin, de un viaje que apunta hacia la nueva
dimensión de una diplomacia económica, encabezada por el primero de
los españoles, y dirigida a buscar soluciones ágiles y eficaces al
crucial momento que vive España”.
Sumen todo eso y comprobarán que a la
crisis le quedan dos telediarios. Lo más probable es que ya nos lo
anuncien en el primero de la nueva época gaviotil tras la elección
del tecnócrata Leopoldo González-Echenique como presidente de RTVE.
Les libero de la torrentera de parabienes al que va a sacar a
latigazos del templo dizque público a los progresectarios, pero me
es imposible no copiar y pegar el encargo que le hace el
editorialista de Libertad Digital. Vean: “Si Rajoy ha abierto la
puerta a la privatización de las inútiles televisiones autonómicas,
lo que resulta todo un acierto, qué mejor ejemplo para las
comunidades que hacer eso mismo de forma inmediata con la mayoría de
los canales televisivos que ahora mantenemos con cargo al
presupuesto. Ahora que va a ser nombrado un nuevo responsable de la
corporación, es el momento de zanjar de una vez el desatino en que
ha acabado convirtiéndose RTVE”. ¿Que se han perdido en la prosa
zumbona? Ningún problema. Basta el titular para comprender el
recado: “Un momento excelente para cerrar RTVE”. Tan ricamente,
oigan.
domingo, 27 de mayo de 2012
Nacionalistas son los otros
¿23.500 millones de euros de regaliz
para un chiringuito bancario gaviotil? Esa menudencia es lo que les
preocupa a ustedes, antipatriotas de mira estrecha y ombligo ancho,
¿no? Que esté en peligro la nación trimilenaria, reserva
espiritual de Occidente y parte del extranjero, les importa una higa.
Menos mal que ABC, siempre fuente de verdad en rojo y gualda
indeleble, conserva incorrupto el dedo para señalar las auténticas
aflicciones de la tierra de María. “Los 15 falsos mitos del
nacionalismo excluyente”, se desgañita en un pleonasmo de cágate
lorito (¿o es que hay mitos auténticos?) el añejo diario. Más
abajo, el recado para que los navegantes disolventes se enteren de
que su frotar se va a acabar: “La máquina de fantasear del
soberanismo ha producido monstruos que ABC desmonta hoy”. A modo de
anticipo del monográfico en que se pondrá a caldo de perejil cañí
a los disgregadores, un editorial titulado “Entre el victimismo y
la letanía”. Y como Freud siempre anda escondido entre pucheros y
ollas rancias, la primera frase es una pedazo de confesión de parte:
“Los tiempos de crisis suelen ser propicios para la búsqueda de
chivos expiatorios”. Eso es enseñar la patita y lo demás son
tonterías.
Ahora que ya saben que la única
intención es cebarse con un saco de las hostias que nos distraiga de
Bankias, recortes y un Gobierno que no sabe por dónde le da el
cierzo, están listos para el desparrame. Ocho páginas de vellón
donde pastan a placer los ejemplares más bravos de la ganadería
hispanistaní. Abre el despelleje Jon Juaristi, que ha convertido en
magisterio pardo su no lejana condición de cofrade de la serpiente y
el hacha y, lo mismo que antes espumarajaba “acción-reacción-acción”,
ahora esputa fluidos como el titulado “La máquina imparable del
delirio”. Ahí les va una lasca para que prueben: “La máquina de
fantasear se halla en movimiento perpetuo, y así, por ejemplo,
nuestros nacionalismos domésticos poseen ya mitologías de la Guerra
Civil, del franquismo e incluso de la Transición. En algún caso se
puede percibir su funcionamiento en pleno proceso de elaboración del
delirio, como sucede ahora con el nacionalismo vasco, dedicado a la
construcción acelerada de un relato exculpatorio del terrorismo de
ETA”. Le preguntaría Robert De Niro al retrovisor: “¿Me estás
hablando a mi?”.
Enseguida les doy más pelos y señales
de la cuerda de plumíferos que evacuan sus descargas en festival de
Don Bieito, pero antes llamo su atención sobre las pildoritas que
adornan la parte superior de las páginas. Es la anunciada quincena
de presuntas trolas, desmontadas una a una con el correspondiente
argumento irrefutable. Vean un ejemplo: “El euskera es el idioma
utilizado por el nacionalismo para unificar los territorios que
ambicionan. Lo cierto es que el euskera actual, el batua, data de...
1968. Fue creado para unificar todos los dialectos euskéricos que se
hablaban y que, incluso, eran incomprensibles para los habitantes de
los valles vecinos”. Hau lotsa, o sea, qué vergüenza... ajena.
Pues ese es el nivel general, no sólo de las grageas verdadosas,
sino del resto de los incendiarios escritos de cuyo contenido les
eximo, porque sus títulos son lo suficientemente elocuentes. Ahí
les va la relación de encabezados junto al nombre de cada
perpetrador entre paréntesis: “Euskalherria, esa gran ficción”
(Pablo Ojer), “La patria inventada” (Fernando García de
Cortázar), “Revisionismo histórico subvencionado” (María Jesús
Cañizares), “Mitos y tópicos del nacionalismo catalán” (Miquel
Porta Perales), “Mitos, Libertad y Conocimiento” (Alfonso de la
Vega) y, finalmente, “El trastorno nacionalista” (Juan Carlos
Girauta). Necesitarían un par de meses sabáticos para castigarse el
hígado con todo ese material. Lo divertido es que si lo hicieran, es
más que probable que les entrarían unas ganas irrefrenables de
independizarse... por lo menos de esta panda de... nacionalistas
(españoles) excluyentes y, de propina, desaforados.
sábado, 26 de mayo de 2012
No me pites, que me irrito
Venía en el guión. Otra vez el culo del kiosco diestro en carne viva por un pítame allá ese himno, aunque sea en su versión jibarizada de medio minuto. De tres segundos menos, para ser exactos, que el portadista de El Mundo, al que se le hicieron eternos, los cronometró: “27 segundos de agravio”, titula el diario pedrojotiano bajo sendas imágenes de un seguidor del Athletic y un par del Barça dejándose la garganta en el intento de silenciar el chuntachunta. Con las vestiduras patrias hechas jirones, el editorialista encabezaba: “Pitada contra España, un patético espectáculo”. En la letra pequeña, unos cuantos mamporros a los ofensores y, de regalo, un lametón a los pies de Nuestra Señora de la Esperanza, para quien también los aficionados tuvieron un recuerdo: “Los miles de personas que pitaron los símbolos de España ante millones de espectadores en televisión se comportaron como energúmenos y demostraron su condición cerril. Esperanza Aguirre fue objeto de graves insultos por las declaraciones en las que abogaba por suspender el partido si no se respetaban los símbolos y, seguramente, rindió así un favor a la Monarquía sirviendo como escudo del Rey, pese a que ninguno de los dos estaba en el campo”.
Como ven, La Razón marhuendí reduce en seis segundos —dichosos recortes— la duración del martirio. “90 minutos de fútbol, 21 segundos de ultraje” brama una portada demediada, dejando espacio para un sumario con una información fundamental: “Don Juan Carlos siguió el partido por televisión en la Zarzuela”. Quien no lo vio fue Alfonso Ussía, que se ufana de ello en una sapoculebrera columna que contiene lindezas como la que sigue: “Sigo creyendo que algo falla en los tornillos de la sensibilidad de muchos españoles no catalanes que son seguidores a ultranza del club antiespañol por excelencia, pero eso sí, que disputa la Liga Nacional –de España–, de fútbol y el campeonato de España y Copa del Rey. Que silban, abuchean y vejan a quien les ha dado plena libertad para ser el objetivo de su rechazo. Y sí, amparados por la Constitución firmada por el abucheado, ahora son más valientes”. A modo de bis, la reputada intelectual Irene Villa nos regalaba una de sus profundas reflexiones de costumbre: “El símbolo de ilusión y unidad que representa el deporte contrasta sobremanera con los silbidos y los gritos de «¡fuera!» de quienes no respetan el país en el que nacieron. Experiencias anteriores desataron la gran polémica, pero se culpó del follón creado en torno a la Copa del Rey y, de paso, de mezclar política y deporte, a quienes, con sentido común, instaron a evitar estos bochornosos e incluso ilegales panoramas”.
Miren qué sibilinos los de ABC. Pasan por alto los pitos y las dedicatorias a la lideresa y se limitan a enunciar, como quien no quiere la cosa: “El Barcelona gana la Copa del Rey de España”. Por si no se había captado la intención, el editorialista nos subraya con fosforito la parte del mensaje que nos debe entrar en la cabeza: “La Copa del Rey de España”. Y luego nos larga esto: “El Príncipe de Asturias presidió la final y entregó la Copa en nombre de Su Majestad el Rey. Una vez más, la Corona actúa como símbolo de unidad y permanencia del Estado. Don Felipe desarrolla de forma ejemplar las funciones que le corresponden y estuvo, como siempre, a la altura de las circunstancias”. De hecho, fue el héroe del partido, ni lo duden.
En la primera de La Gaceta, pura síntesis: “Firme Príncipe, poco himno y mucho Barça”. Como eso necesita traducción, el editorialista se pone pedadógico: “Era la Copa del Rey, por lo tanto la Copa de todos los españoles, pero los tentáculos sonoros del nacionalismo se empeñaron en eclipsarla con una pitada que tapó el Himno Nacional, aunque en TVE los acordes de la pieza se oyeron más fuertes que el silbido de los energúmenos”. Unas páginas más allá, el cronista Alberto Lardlés arrancaba con el rigor acostumbrado el relato de lo que ocurrió: “Por desgracia, lo consiguieron. Las plataformas nacionalistas vascas y catalanas que organizaron una pitada contra el himno y el Príncipe Felipe durante la final de la Copa del Rey de fútbol se salieron con la suya. Así, el encuentro entre el Fútbol Club Barcelona y el Athletic de Bilbao, celebrado en el estadio Vicente Calderón, se convirtió, al menos en su inicio, en un acto político en defensa del separatismo”. Impagable, un pie de foto en el que se lee: “Viendo las enseñas que portaban los aficionados, la final de la Copa del Rey parecía un acto político y no un partido de fútbol”.
Con similar objetividad, un anónimo reportero de Libertad Digital titula su pieza “Un recital de ofensas a los españoles”. Detallista, nos va enumerando párrafo a párrafo los diferentes atropellos con epígrafes como “Contra Esperanza Aguirre”, “Contra la Corona” o “Banderas catalanas, vascas y de Batasuna”. Llamados por la curiosidad, nos detenemos en este último ladillo, que da paso a lo que van a leer. Pedagogía pura: “Por otro lado, en la grada del estadio Vicente Calderón se vieron muchas banderas durante el partido. La mayoría eran banderas del País Vasco –la conocida como Ikurriña-, que portaban tanto los aficionados del Athletic de Bilbao como los del FC Barcelona, donde la bandera más ondeada fue la independentista catalana, conocida como Estelada”. De Pulitzer.
Como ven, La Razón marhuendí reduce en seis segundos —dichosos recortes— la duración del martirio. “90 minutos de fútbol, 21 segundos de ultraje” brama una portada demediada, dejando espacio para un sumario con una información fundamental: “Don Juan Carlos siguió el partido por televisión en la Zarzuela”. Quien no lo vio fue Alfonso Ussía, que se ufana de ello en una sapoculebrera columna que contiene lindezas como la que sigue: “Sigo creyendo que algo falla en los tornillos de la sensibilidad de muchos españoles no catalanes que son seguidores a ultranza del club antiespañol por excelencia, pero eso sí, que disputa la Liga Nacional –de España–, de fútbol y el campeonato de España y Copa del Rey. Que silban, abuchean y vejan a quien les ha dado plena libertad para ser el objetivo de su rechazo. Y sí, amparados por la Constitución firmada por el abucheado, ahora son más valientes”. A modo de bis, la reputada intelectual Irene Villa nos regalaba una de sus profundas reflexiones de costumbre: “El símbolo de ilusión y unidad que representa el deporte contrasta sobremanera con los silbidos y los gritos de «¡fuera!» de quienes no respetan el país en el que nacieron. Experiencias anteriores desataron la gran polémica, pero se culpó del follón creado en torno a la Copa del Rey y, de paso, de mezclar política y deporte, a quienes, con sentido común, instaron a evitar estos bochornosos e incluso ilegales panoramas”.
Miren qué sibilinos los de ABC. Pasan por alto los pitos y las dedicatorias a la lideresa y se limitan a enunciar, como quien no quiere la cosa: “El Barcelona gana la Copa del Rey de España”. Por si no se había captado la intención, el editorialista nos subraya con fosforito la parte del mensaje que nos debe entrar en la cabeza: “La Copa del Rey de España”. Y luego nos larga esto: “El Príncipe de Asturias presidió la final y entregó la Copa en nombre de Su Majestad el Rey. Una vez más, la Corona actúa como símbolo de unidad y permanencia del Estado. Don Felipe desarrolla de forma ejemplar las funciones que le corresponden y estuvo, como siempre, a la altura de las circunstancias”. De hecho, fue el héroe del partido, ni lo duden.
En la primera de La Gaceta, pura síntesis: “Firme Príncipe, poco himno y mucho Barça”. Como eso necesita traducción, el editorialista se pone pedadógico: “Era la Copa del Rey, por lo tanto la Copa de todos los españoles, pero los tentáculos sonoros del nacionalismo se empeñaron en eclipsarla con una pitada que tapó el Himno Nacional, aunque en TVE los acordes de la pieza se oyeron más fuertes que el silbido de los energúmenos”. Unas páginas más allá, el cronista Alberto Lardlés arrancaba con el rigor acostumbrado el relato de lo que ocurrió: “Por desgracia, lo consiguieron. Las plataformas nacionalistas vascas y catalanas que organizaron una pitada contra el himno y el Príncipe Felipe durante la final de la Copa del Rey de fútbol se salieron con la suya. Así, el encuentro entre el Fútbol Club Barcelona y el Athletic de Bilbao, celebrado en el estadio Vicente Calderón, se convirtió, al menos en su inicio, en un acto político en defensa del separatismo”. Impagable, un pie de foto en el que se lee: “Viendo las enseñas que portaban los aficionados, la final de la Copa del Rey parecía un acto político y no un partido de fútbol”.
Con similar objetividad, un anónimo reportero de Libertad Digital titula su pieza “Un recital de ofensas a los españoles”. Detallista, nos va enumerando párrafo a párrafo los diferentes atropellos con epígrafes como “Contra Esperanza Aguirre”, “Contra la Corona” o “Banderas catalanas, vascas y de Batasuna”. Llamados por la curiosidad, nos detenemos en este último ladillo, que da paso a lo que van a leer. Pedagogía pura: “Por otro lado, en la grada del estadio Vicente Calderón se vieron muchas banderas durante el partido. La mayoría eran banderas del País Vasco –la conocida como Ikurriña-, que portaban tanto los aficionados del Athletic de Bilbao como los del FC Barcelona, donde la bandera más ondeada fue la independentista catalana, conocida como Estelada”. De Pulitzer.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
